
Parecía un festín romano. Una de nosotras estaba en la pieza pequeña, descansando de la jornada nocturna, de la larga y aburrida fiesta de la noche recién pasada. Nosotras dos estábamos en el patio inmediatamente trasero, bajando uva del parrón de la dueña de casa. Sería mediodía ¿tal vez? la planta esperaba serena su tasación, cuántas hojas, cuántos cogollos, si es muy alta, si es muy baja, cuánto le sacarían. Nuestra anfitriona estaba atenta a la llegada del catador; nosotras, en cambio, tanteábamos la fruta bajo los rayos de un sol débil y cálido. La otra descansaba. Ninguna esperaba que la llegada del caballero fuera numerosa, y que no fuera uno, sino tres. Pasa el robusto primero, con un paño en la cabeza y dedos tan gruesos... el segundo era audaz (algo hippie), y sin pedir permiso interrumpió nuestra merienda ingresando al patio del parrón; el tercero era él que sabía y se dedicó a criticar la planta en cuestión su precio y etcéteras. El chico hippie nos observaba con curiosidad. Nosotras, vaporosas ( a su imaginación al menos) proseguíamos en la tarea de las uvas. Fue entonces que él, sin poder dejar de ser ingenuo lanzó su pregunta: ¿Ustedes viven puras mujeres aquí? -y antes de que pudieramos responder- ¿todas juntas? La que descansaba no escuchó, pero yo y mi compañera de vendimia no pudimos más que mirarnos y sonreír. Entonces, bajo el parrón, mi amiga dijo sí, "y nos bañamos juntas también". Es inconmensurable la imaginación de los hombres. La anfitriona se preocupó muy ronca de explicarles que no, que no vivíamos juntas, que ella vivía con su familia y un montón de obviedades más. Y claro, es que parecíamos un festín romano.
1 comment:
actualiza la huea pos raye
me gusta com oescribies ;)
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